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Nueva Zelanda desclasifica un intento de magnicidio que ha ocultado casi 40 años


El incidente ocurrió delante de una multitud, pero la Policía convenció a todo el mundo que oyeron fuegos artificiales, no un disparo.



El Servicio de Inteligencia de Seguridad de Nueva Zelanda (SIS, por sus siglas en inglés) este 1 de marzo confirmó por primera vez que un adolescente intentó asesinar a la reina Isabel II en 1981, durante su gira de ocho días por la Mancomunidad británica de Naciones ('Commonwealth', en inglés).
Según los documentos divulgados, Christopher Lewis, que entonces tenía 17 años, le disparó a la reina cuando esta salía de su vehículo camino a una feria de ciencias el 14 de octubre en la ciudad de Dunedin, informa Reuters.
"Lewis tenía la intención de asesinar a la reina, sin embargo, no tenía una posición adecuada para disparar, tampoco su rifle era lo suficientemente potente como para alcanzar el blanco", reza un memorando desclasificado del SIS, que data de 1997.
Lewis, a quien la Inteligencia neozelandesa describió como un joven "severamente perturbado", no fue acusado de intento de asesinato o traición, dado que las acusaciones del incidente "fueron minimizadas para evitar la vergüenza para un país anfitrión de una visita real" y acabaron en posesión ilegal de un arma de fuego y su uso en un lugar público, indica la agencia.

Oyeron el disparo

La multitud y los periodistas que se congregaron en el lugar del incidente para saludar a la reina Isabel II oyeron el disparo, pero la Policía les convenció inicialmente de que el ruido provenía de un cartel caído o una detonación en el escape de un auto.
"Las investigaciones policiales actuales sobre los disparos se han llevado a cabo discretamente y la mayoría de los representantes de los medios probablemente tengan la impresión de que el ruido fue causado por un fuego artificial de algún tipo", consta en un informe de noviembre de 1981 del SIS.
Según documentos de inteligencia, la Policía vigiló a Lewis durante otra visita de la reina a Nueva Zelanda en 1986, por temor a que la monarca aún corriera peligro.
Las revelaciones de la Inteligencia neozelandesa han causado una investigación policial por cómo se trató el asunto.
Más de una década después del incidente, Lewis fue acusado del brutal asesinato de una mujer y del secuestro de su hija, abandonada posteriormente en una iglesia. En 1997 el hombre se electrocutó a sí mismo en prisión, donde esperaba el juicio por homicidio. En una nota de suicidio negó haber matado a la mujer.

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